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Donostia
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K
Bajo los pinos, tras los matorrales. Allí está la bestia y el humano que la doma. Oculta en el centro. En K.
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Inmaculada visión
Los hay que no tienen otoño. También quienes no tienen Peine. Para ellos. Para ellas. Para mí, claro.
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Se pone
En el oeste y tras los montes, el Sol en su «morir» enciende la bóveda celestial. Aquí es ya de noche. Ya es Invierno.
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Papotoño
Ya no estás. Ya te has ido. Ahora toca Invierno. ¡Afortunados quienes tenemos cuatro estaciones! Nosotros escuchamos a Vivaldi y sentimos lo que oímos y vemos.


