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Vida Sencilla

Menú de colores

El contacto con lo humano sin escaparates.

Paro a preguntar por la panadería y en el bar me dicen que está cerrada hoy. Me quedo a comer en Villa María. María es una señora mayor y hastiada que escribe el menú del día con rotuladores de colores. Busdongo es un pueblo de montaña, de personas sencillas, recias. Ella me dice que aprovecha los rotuladores, que se le secan y los quiere aprovechar. «Puede llamarle ‘Menú de Colores’«-le digo, y por primera vez levanta la vista para posarla en mis ojos. Sonríe. «Siempre, toda mi vida me han gustado los colores«-me devuelve ya con ternura. Sí. Le gustan los colores. Se quita el delantal y bajo él hay una florida camiseta, una falda por debajo de las rodillas y unos zuecos modernos de color naranja.

Como puerros con cabrales (que no da tanta risa) y fabada. De postre arroz con leche y un café.
Hablamos de pan, de masa madre y toma mi receta. «Seguro que lo haré antes que tarde«-me confirma-«le diré cuando regrese cómo me ha salido»

Regresaré.

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