Categoría: Relatos

  • O Dezaseis

    En Santiago estoy en casa. En O Dezaseis.

    Barrio de San Pedro. A 700 kilómetros de casa. De eso que reconozco como casa. Aquí. Allí. En Santiago. En casa.

  • No ven

    No ven

    Miran. Están. Saben que está ahí, que algo pasa. Lo sienten… pero no sólo son sombras.
  • Congelada

    Congelada

    Sobre el asfalto. Estás fuera de tu hábitat y nadie te mira. Casi sí se te ve. Casi.
  • El héroe de Maratón

    El héroe de Maratón

    ¿Es una mueca o una sonrisa? ¿Tal vez ambas?
    Lejos del foco mediático. Lejos. Cerca de la hazaña personal y del sentirse vivo y capaz. Él, entre otros muchos (muchos más de los que incluso corrieron el Domingo por Donostia), vive y disfruta del hecho de estar ahí en ese momento. Él, su dolor de tripa, su falta de energía, su motivación que le obliga a seguir adelante sin él saber muy bien porqué. ¡Cuán ridículas sonaban las palabras de ánimo cuando era él quien con su esfuerzo elevaba el mio!
    Él y tantos otros que sin quererlo nos dieron su esfuerzo y ejemplo.

  • ¿Qué somos?

    ¿Qué somos?

    Párate. Levanta la vista. ¿Has visto la proporción de esas nubes? El hombre construye edificios tardando años. Estatuas, grúas… Ellas, las medusas del aire, vienen traídas por el viento. También son 100% agua y 100% tranquilas. Llegan en silencio y a veces a escondidas amparadas por la noche. Las más de las veces se limitan a descargar su contenido en forma de lluvia. Las menos en forma de hielo o nieve.
    Son gigantes que se crean en minutos y desaparecen en horas…

  • Tramp Steamer

    De Álvaro Mutis, su obra «La última escala del Tramp Steamer«, saco este fragmento:

    photo © 2007 Bob Russell | more info (via: Wylio)

    «… Quedaban los sentimientos que la unían a mi. Éstos estaban intactos, pero, a partir de ellos, no había lugar para construir nada, para esperar nada que no fuera una descalabrada experiencia que haría de nuestra relación una madeja de reclamos silenciados, de culpas y frustraciones disfrazadas. Lo de siempre, en fin, cuando se parte de una distorsión de la realidad y tomamos nuestros deseos por verdades incontrovertibles.»

    Y estas andamos.






  • Turiscafé (2)

    Un café cualquiera

    Uno no deja de sorprenderse de las conversaciones que se escuchan en las cafeterías de una mañana cualquiera. Esta vez un grupo de señoras que, tras dejar a los niños en el colegio y recibir la clase de pilates, se juntan en una mesa a compartir su cotidianidad. Hoy tocaba las vacaciones.
    Después de que el camarero dejase los cafés en la mesa, la señora del chandal rosa y pendientes de oro inició la conversación. Narró a sus conocidas como en aquel pueblecito casi desierto consiguió todos esos adornos y antigüedades a precio de risa. Llena de gozo, presumió del cuasiengaño que había perpetrado. Todas alabaron su hazaña y envidiaron poseer todos esos abalorios que recordasen lo bien que lo hubieran podido pasar. Una no es líder de la cafetería porque sí.

    Otra cogió el testigo. Era la más joven del grupo y vio la oportunidad de poner una pica en Flandes sacando su teléfono, de pantalla tamaño ventana, donde enseñaba todas las fotos de los sitios que había visitado con su orondo marido. Cárcel tecnológico que mantiene cautivos los momentos y los convierten en sucedáneos de lo que en realidad fueron esos instantes. Fue un delicioso crucero por el Mediterráneo. La misma pose con la pierna derecha ligeramente adelantada, cabeza ladeada al lado contrario y sonrisa de anuncio. Detrás cambiaba el monumento, paisaje, adorno, estatua o edificio. Su viaje fue un placer lleno de lugares exóticos que sus fotos llenas de pixels y sonrisas así avalaban.
    Se hizo un breve silencio, tal vez por la sensación de duelo al sol entre las dos supuestas amigas que pugnaban por ser la más interesante del grupo. El silencio lo rompió al fin la más veterana. Ella, que estaba recibiendo las miradas escrutadoras de sus supuestas amigas por la medio sonrisa que mostraba y su mirada ausente, volvió a la Tierra y tras otro minuto que se hizo eterno habló. En ese rato y ese minuto evocó la sensación que tuvo cuando bajo una fina lluvia que apenas mojaba, paseaba por la orilla del mar sintiendo las frescos golpes de un mar relajado y relajante; revivió el placer de aquel sushi comido torpemente con palillos por primera vez en su vida; Recordó la satisfacción de sentirse presente y consciente de su vida en aquella semana en la visitó su ciudad natal. Así, dijo: «Perdí mis tarjetas de crédito y se rompió mi cámara, así que sólo fui y estuve.»

    ¿No estamos demasiado obsesionados con poseer o presumir? ¿Acaso no puede ser más importante vivir el momento y disfrutarlo? Sentir, vivir, disfrutar.

  • En el confesionario

    Ave maría purísima

    Sin pecado concevida. Dime hermano, ¿Qué pecado debes confesar?

    Padre, confieso que he pecado. He llevado a mi hija la Princesa payita Amidalaguala a ver a los patos de la plaza Gipuzkoa y le he arrancado hierba para que alimentase al cisne (que come hierba y no pan).

    Hijo, eso no está mal. La hierba crece y a tu hija le eseñan caridad con el prógimo.

    Ya padre, pero los otros niños no lo sabían y en cuanto me han visto se han metido en medio y no me han dejado colocarme otra vez en primera línea y mi hija no a podido tirar hierba a jodido cisne caprichoso.

    Hay que contenerse hijo. Esa lección es positiva para ambos.

    Sí claro, pero usted, que es célive (¿¿¿¿verdad????) no sabe lo que es la cara de tristeza de una niña. Así que Padre…

    Sí hijo (a su pausa, no a su pregunta mamón)

    Pues que me he tirado a enseñar a mi hija a asustar palomas. Y asustábamos a las que paseaban, comían y hasta las que estaban en pleno cortejo… y Padre…

    Si hijo.

    No vea la cara de felicidad de mi hija, que me miraba con un solo ojo por llevar el parche en el otro. Ella decía «buh!» muy bajito y con media boca y yo zarandeaba un brazo mientras sostenía a mi princesa en el otro, para que esas ratas aladas echaran a volar… ¡Qué bien lo hemos pasado con el sufrimiento ajeno Padre!

    Ya veo, ya…

    Y si, he de reconocer que hace unos días reproché a otra «niña» su actitud de asustabichos… Soy un pecador. Un jodido pecador. Un satiefecho pecador y sabe qué?

    Que hijo?

    BUUUUUUUHHHHHH!!!!!!!