Nubes

Atardecer sobre Gros © cbelio

Sobre el atardecer se apelotonan tras una jornada en la que han campado a sus anchas. Saciadas de llover y de calar a quienes osan retarles. Ellas, impasibles crecen, engordan, se fusionan y por su peso caen. Es entonces cuando abren caminos y extenuadas se separan para descansar. Entonces, relajadas, dejan que los últimos rayos de Sol les enciendan, les den sombras, contraste y volumen. Entonces es cuando nosotros, simples primates, nos enamoramos de ellas. Sus formas, su tamaño, su capacidad de viajar, de aparecer y desaparecer.

Anoche, camino de una cita con un amigo, sobre las moles urbanas que llamamos edificios, guiaba mi recorrido una esbelta nube que se dejaba acariciar por el viento. Éste hacía de ella formas ondulantes y alargadas. Sugerentes formas que me hacían imaginar lo que era y lo que quería ser. Como un barco que surca el mar, ella surcaba el cielo posiblemente camino a su extinción. Camino de convertirse en agua. De licuarse y volver a renacer en otro lugar, con otra forma y otra voluntad. Tal vez como tranquila formación alta, o como rotunda tormenta de Otoño.

Sobre el horizonte © cbelio

Lo que sí será es vía de escape de aquel que, levantando su vista, la vea allí, desafiando la gravedad. Desafiando a su destino, que como el de todo y todos ha de cumplirse. Mientras, en lo que dura su vida, será lo que es y para nosotros, lo que queramos que sea. Hermosa, tranquila, altiva, lejana, sabia.

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