El GBC: ¿Un club en extinción?

Colaboración
Esta es una colaboración especial de Carlos Ortigosa
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Si a cualquiera de mis alumnos de los primeros cursos de Contabilidad les enseñara el Balance y la Cuenta de Pérdidas y Ganancias que el Club nos envió a los socios a propósito de la última Junta General de accionistas, ocultándoles a qué sociedad pertenece, el ciento por ciento de ellos me diría que se trata de una empresa quebrada y que no entendía cómo es posible que se mantuviera así arrastrando pérdidas desde hace años y que para estas fechas la sociedad en cuestión ni siquiera hubiera entrado en ley concursal (“suspensión de pagos”, “concurso de acreedores”, llámesele como cada cual quiera) cuando lo más lógico, a la vista de las cifras, sería su disolución.

Una empresa es un ser vivo que nace, crece, vive (o sobrevive), puede que se multiplique, y muere, aunque este último estadio no es imprescindible. A lo largo de su vida pasa por momentos de salud excelente y por momentos de fuertes achaques. Los “médicos” que les atienden suelen, como cualquier médico, analizar, diagnosticar y prescribir. ¿Cómo anda de salud el GBC? Mis “alumnos de medicina” me dirían que, tras hacer las radiografías correspondientes (estado de cuentas) y habiendo procedido a su análisis, el resultado es desolador.

Veamos. Lo primero que se le hace a un paciente (sociedad) que llega a la consulta es averiguar cuál es su “Fondo de maniobra”, es decir, su capacidad de pagar sus deudas a corto plazo (las que vencen como mucho dentro de un año) con los ingresos que obtendrá a lo largo de ese año. Es lo que denominamos la diferencia entre Activo corriente (lo que ya tengo en la caja o el banco y lo que me deben a corto plazo y espero cobrarlo) y el pasivo corriente (lo que debo a corto plazo y tengo obligación de pagar). Si el resultado es negativo, es fácil entender que con lo que tengo y espero tener no voy a poder pagar mis deudas. ¿Qué nos dice la analítica del GBC en este parámetro fundamental? Pues que la diferencia es la friolera de 3.350.383,8 € que no se pueden pagar: por cada 7,3 € que hay que pagar de aquí a un año, sólo esperamos ingresar ¡1 €! (sin embargo, esa ratio era de 9,8 a uno hace un año, así que, aún y todo vamos mejorando). Da la sensación de que nuestros acreedores se van conformando con que la deuda se pague poco a poco, pero claro, si uno mira otro dato, empieza a entender por qué: al enfermo se le permite seguir endeudado, pero para eso hay que sedarle (pagar intereses) cada vez más. En el fondo es lo que nos pasa en Europa: para pagar nuestras deudas, emitimos deuda y, claro, cada vez nos la hacen pagar más cara. Esto es insostenible y este enfermo está condenado a morir, salvo milagro.

¿Existen los milagros? Sí, y los pueden hacer Santa Diputación, San Ayuntamiento, San Gobierno Vasco o San Empresa patrocinadora; si no, los dueños del Club (yo entre ellos) tendríamos que ingresar el dinero suficiente como para poder pagar las deudas contraídas (para que no entremos en el famoso círculo vicioso) que provienen de las antiguas que no han podido pagarse. También podríamos dedicarnos a hacer algo más que “vender el espectáculo del baloncesto”: son los famosos “ingresos atípicos”, como la explotación de la imagen del Club vía camisetas, bufandas, etc, o la explotación de negocios colaterales, como el centro de ocio de Illumbe. Pues bien, los santos del Cielo Gipuzkoano (las Administraciones gipuzkoanas), dicen que no están por la labor de hacer milagros; nuestro patrocinador Seguros Lagun Aro acaba de ser absorbido por el patrocinador de nuestro rival Baskonia; las empresas guipuzcoanas ni están ni se les espera, parece, para reflotar el Club, y una ampliación de capital en una SAD con la propiedad concentrada en muy pocas manos (que ya han perdido mucho dinero en esta aventura) se antoja imposible.

¿Hay algún otro parámetro de la analítica, doctor, que nos de algún viso de esperanza? Pues sí y no. Empecemos por las noticias malas: si el GBC dijera que ya no puede más y decidiera disolverse, sucedería no sólo que los socios no recuperaríamos ni un duro de lo puesto, sino que la diferencia entre lo que hay (Activo) y lo que se debe (Pasivo) es casi de 740.000 € (Casi 636.000 € hace un año, o sea que el círculo vicioso se agranda), que no alcanza para satisfacer todas las deudas contraídas (con el agravante de que el grueso de lo que “hay” son tres viviendas con las que Bruesa avala la deuda que dejó al Club cuando no pudo atender a los pagos establecidos como patrocinador principal, sabiendo todos como sabemos que ese tipo de activos son más tóxicos que la cicuta, o sea, que se suelen valorar, a diferencia de lo que marca el Plan general de Contabilidad, de un modo bastante poco razonable). ¿Más noticias malas? Mejor ni entrar en otras ratios como las que miden la solvencia, la dependencia financiera, la tesorería, la garantía, el endeudamiento… porque todas son hijas de un Fondo de Maniobra negativo que es el que obliga a llevar al enfermo a la UCI (a nadie se le ocurriría preocuparse, por ejemplo, por el nivel de colesterol de un individuo al que una bala le ha despanzurrado el cerebro).

¿Y la buena? ¿Porque había una buena, no? Pues sí: este año hemos tenido superávit.Pero, por favor, no nos engañemos, porque con casi 2.500 € de superávit no vamos a ningún lado. Es un dato anecdótico de que al enfermo que necesita casi 0,75 millones de euros (¡300 veces más!) para no morir le hemos dado esa propinilla. Psicológicamente es algo bueno y denota que el enfermo cumple con lo que le dicen los médicos: es obediente, toma las medicinas y no hace excesos (son buenos gestores), pero sigue entubado y son las Administraciones y el patrocinador principal los que, en cualquier momento, pueden decir que desentuban. Ni en los buenos médicos, ni en la disciplina del enfermo: la solución está en ellos.

¿Por qué el enfermo está así? Por tres razones: porque confió en que entraría en el círculo virtuoso de estar en la competición de la ACB de cara a las aportaciones al baloncesto que veía que habían en las provincias hermanas (el modelo “Kerejeta” y el modelo “BBB”); porque Bruesa es una inmobiliaria (y ya sabemos lo que eso está suponiendo), y porque se pagaron sueldos altos por rendimientos bajos (eso ya se acabó, pero la deuda se arrastra). ¿Sólo eso, doctor? Bueno, mi ojo clínico me dice que las ideologías políticas han jugado (y juegan) un papel importante en este laberinto, pero… eso es sólo ojo clínico, que aún no ha alcanzado la categoría de ciencia.

¿Se va a morir el enfermo, doctor? No sé, pero si la esperanza de romper el círculo vicioso comentado estaba, según se dijo en la Junta, en la explotación de un complejo (Illumbe) que no es del Club, y cuyo dueño no le deja hoy en día ni siquiera explotar los bares internos de bajo las gradas… señores amigos y allegados al enfermo, si saben rezar, mejor que empiecen ya.

Bueno, pues a partir de aquí… barra libre: ¿por qué otros equipos sobreviven y nosotros tenemos este panorama? Si lo tienen ellos también ¿podría desaparecer el baloncesto profesional? ¿Son los sueldos de los jugadores el problema? ¿A pesar de la envidia que nos produce, es razonable la postura de las administraciones gipuzkoanas frente a las alavesas o bizkainas? etc. Eneko Ruiz ya ha entrado en estos terrenos y yo no pretendo, por ahora, más que ayudar a hacer entender a quien me lea cuál es la situación del Club a partir de la información que cualquier socio puede disponer en estos momentos en su casa.

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