El histórico histérico

Estamos jodidos. Pero bien jodidos además. Diría que no reconozco a este Lagun Aro GBC, pero tendría que puntualizar porque lo que el domingo me costó identificar fue al equipo que nos convenció con su juego y con su espíritu y ganó los primeros cinco partidos como local, ese equipo del que últimamente sólo nos acordamos cuando viene al Donostia Arena uno de los grandes y el GBC se despoja de toda presión. Lo que sí me resulta muy familiar es la situación que estamos atravesando, el histórico histérico por el que se pasa todos los años. Empieza a ser tradición. Y hay asuntos objetivos por los que preocuparse, como las seis derrotas seguidas y las dos únicas victorias en los últimos once partidos, pasando de un 5-2 al actual 7-11; pero hasta ahora no había sucedido lo que ocurrió ante Fuenlabrada y que es lo que de verdad me inquieta: la desaparición completa y absoluta del juego que había llevado a prosperar a este Lagun Aro. En otros partidos había jugado mal y aun así había competido, había tenido bajones de concentración, pero les había dado la vuelta. Contra el Fuenla el partido del GBC se convirtió durante los cuarenta minutos en un concurso de despropósitos.

Pero hablar de que jugamos mal, de que la defensa no es que fuera mala sino más bien inexistente es comentar algo que todos y cada uno de nosotros ya sabemos. El problema que nos ocupa aquí, el quid de la cuestión, es el porqué. ¿Cuál es la razón que nos lleva a entrar en este estado de desequilibrio mental transitorio? Yo estoy convencido de que en el seno de este club y esta afición llevamos tiempo viviendo una dicotomía enorme en lo que a definición de metas y objetivos se refiere. Y ello, lleva a declaraciones y posturas ‘oficiales’ u ‘oficialistas’ que causan; primero, confusión y, segundo, enorme enfado en una afición que siente, en parte, que le toman por tonta y, además, algo así como estafada. Porque no acabamos de identificar el punto justo entre generar ilusión sin desbordar la euforia y, a la vez, ser lo suficientemente prudentes sin perder la ambición. Ojo, que yo creo que en esto tenemos todos nuestra parte de responsabilidad. Pero opino que es un tema lo suficientemente serio y, a la vez, instrumental en el desarrollo de la temporada que merece la pena tratarlo en profundidad.
Me refiero a dicotomía o contradición en lo que está pasando por el hecho de que si el club fija unos objetivos por debajo de la media aritmética de las ambiciones de la afición, suceden explosiones de rabia como la del pasado domingo. Quiero decir, que por mucho que repitas una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, que el objetivo único e inequívoco de este equipo es la permanencia, la permanencia y nada más que la permanencia y, en cambio, el grueso de tu afición aspira a algo más, cuando aparece el estado de frustración general que acaeció en este último partido, te extrañas y no te lo explicas. Porque no nos engañemos; la pitada y la petición de cabezas rodando no responde sólo a un mal partido, no responde a un día que te ha salido fatal. Y si aspiramos a la permanencia, ¿porqué el inmenso enfado? Si la derrota y la mala racha nos mantienen en el puesto doce, con cierto margen todavía sobre nuestro objetivo oficial… Aquí es cuando llega el truco. No puedes fijar objetivos ni decidir qué está bien o está mal sin tener en absoluto en cuenta las ideas y creencias de tu afición. No lo puede hacer ni el club, ni la prensa, ni nadie, porque el aficionado no es tonto. O lo puedes hacer, intentar orientar su opinión, pero te expones a llevarte sorpresas desagradables como ésta. Tenemos que partir de la base de que aquí el que manda es el público, se juega para ellos, porque sin ellos esto no tiene sentido.
Y no es que esa media aritmética de lo desea el aficionado estándar, el seguidor tipo del GBC sea la obligación de estar en Copa y playoff… Entonces es cuando llega la parte dicotómica que corresponde al público. Personalmente, creo que esa media de las aspiraciones de la afición está más o menos situada en, primero, que el equipo juegue un baloncesto atractivo que les divierta y sirva para ganar partidos y, después, ver al equipo en la zona templada de la tabla, sin pasar apuros y luchando por objetivos más ambiciosos como puede ser la Copa, aunque no se consigan; vamos, que el equipo esté ahí. Habrá quien quiera un poco más, quien se conforme con algo menos, pero creo que estaremos de acuerdo en que por ahí van los tiros. Eso y que el equipo y el club vayan creciendo paso a paso. Entonces yo me pregunto… ¿si el equipo no ha bajado del puesto 12 en todo el año y la calificación de la primera vuelta está entorno al seis sobre diez, porqué ese enfado tan enconado? No fue sólo por el mal juego y si la opinión general es que por no ir a la Copa no hay que hacer una tragedia; sí que ocurre cierta suerte de contradicción.
Al final, todas las parten entran en un estado de histeria llegado este preciso momento de la temporada, que lo peor que tiene es que genera un estado parecido o peor en el equipo. Todo ese nerviosismo se refleja en el equipo. Ante el Fuenlabrada los jugadores del Lagun Aro juegan absolutamente atenazados por la situación. No es falta de ganas, porque pelear, pelean; pero se muestran desde el minuto uno como anestesiados, atontados. Ni defienden, ni aciertan, se les ve hasta lentos. Después, son incapaces de salir de ahí e incluso intentando achicar el agua naufragan aún más. Y lo que es peor, esa psicosis, ese estado de tensión apunta a ir a más. Y la causa es el resultado de todo lo comentado anteriormente. ¿Cómo salimos de ésta? Si el equipo juega mal, el público se enfada y pita, si el público se enfada y pita el equipo juega mal. La bola de nieve crece, crece y baja por la ladera de la tabla hasta que, como la temporada pasada, llega a un punto de no retorno donde todos nos asustamos y decimos, venga, vamos a apoyar al equipo que sino nos vamos a mierda todos juntos.
Lo voy a decir bien claro. El GBC sólo puede salir de esta empujado por la gente. Puede gustar, puede no gustar, pero es la realidad. No voy a decir a nadie lo que tiene que hacer, allá cada cuál. Yo sólo trato de hacer un diagnóstico desde mi punto de vista. Y no hay otra solución. O yo no la veo al menos. ¿Fichar? A Kurz, ¿no? Que está con ganas de irse de Granada. Bueno, sucede que no tenemos un chavo. ¿Buscar la unión y salir de ésta juntos? Sí, me gusta más, la veo más factible y pasa por recuperar el mejor Doblas, el mejor Salgado, el mejor Panko, el mejor Miralles… la mejor versión de conjunto que puede dar este Lagun Aro GBC.
No obstante, no podemos obviar una realidad. En Baloncesto, como en cualquier deporte, el estado mental, anímico, moral es vital. Importante no; lo más importante. Y por mucho que sean profesionales son humanos y más con jugadores que se implican; no nos engañemos, un tipo como David Doblas, que realmente se siente parte de esto, responsable de todo, cuando hay pitos le afecta; lo mismo que cuando hay aplausos se crece. Y como él, el resto. Comprendo que tiene que ser desde ellos la reacción, que en cuanto ofrezcan algo va a volver el apoyo. Ya son años observando el comportamiento de nuestra afición y ésta, no se queja si no le duele, ni baila si no le ponen música. Así que es el momento de que los virtuosos vuelvan a coger el violín. En cuanto suene algo agradable volverán los aplausos.
Sin embargo, esta solución volvería a ser un parche hasta que se afronten los problemas de fondo. Los que causan que otro año más pase lo mismo. Porque los jugadores son parte del problema y parte de la solución de lo que nos acucia, el volver a ganar; pero no pasa tanto por ellos que no vuelva a suceder esta situación de histeria colectiva que nos perjudica seriamente a todos. O lo solucionamos o todo seguirá siendo igual, seguiremos viendo la misma película. De la otra manera, encontrando un equilibrio con ese dónde tiene que estar el equipo y con el camino para lograrlo, quizá encontremos la forma de progresar en todos los sentidos.
Si superamos este estado mental general que afecta por igual a equipo y entorno, todo volverá a su cauce y aún podremos disfrutar mucho. Por eso es tan importante. Como me dijo alguien que sabe mucho de esto, no se trata de buscar culpables sino soluciones, remedios. Y lo más positivo que saco es que todos somos parte del remedio, lo que lo hace un poco más fácil de solucionar. Eso sí, lo más importante ahora mismo, lo único que nos debe preocupar es encontrar la manera de volver a ganar. Por encima de todo. Ganar. Vamos a hacerlo entre todos.

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