Reflexión, balance o lo que sea (¿ladrillo?).

Pasados unos días desde el fatal desenlace que nos ha traído el descenso a la LEB, es el momento de realizar alguna reflexión sobre lo que ha supuesto esta temporada.

Lo primero es reconocer que GBC ha conseguido despertar la pasión y ganas de baloncesto que había y hay en Gipuzkoa. Esta temporada en ACB ha sido una auténtica gozada. Hay que agradecer al GBC, a las instituciones (Diputación y Ayuntamiento) y las empresas que han puesto tanto de su parte para que esto haya sido posible. 9000 personas cada 15 días en Ilunbe refrendan estas palabras. Con el tiempo recordaremos gratamente esta temporada.

Tal vez este tirón, esta vorágine en la que se a inmerso el GBC y por extensión Gipuzkoa entera, sea la simiente de un club que perdure y que sea el referente único para todos en el baloncesto masculino.

En temporadas pasadas, pero sobre todo en esta, la gestión de la directiva en el aspecto administrativo ha sido ejemplar. Dudo que se pueda hacer mejor con la experiencia que se disponía. Tal vez algún aspecto en cuanto al merchandising, actuaciones en tiempos muertos y descansos y el ínclito Joxe Felipe y su mesa de mezclas, que parece que cree que él solo puede animar al equipo (en los últimos partidos ponía el «a por ellos» a un volumen inhumano).

En el aspecto deportivo, el que todos vemos con más claridad, el que al final es el que decide el nivel del club… El más importante. En eso, es donde más claramente se ha fallado.
En estos momentos se habla en muchos sitios sobre si el principal responsable es Santos, es Fisac, las lesiones, el mercado, los jugadores… Siempre es difícil simplificar y también injusto.
Una vez conseguido el inesperado ascenso por este joven e inexperto club, parecía que la dirección deportiva estaba encaminada.
Galilea, a quien le quedaba un año de contrato y a quien se fichó para jugar y después integrarlo en el organigrama del club, parecía que sería el Director Deportivo que el club necesitaba. Se trata de un hombre con una amplia experiencia en el baloncesto profesional y con buenos y muchos contactos. Tras su lesión, hace más labores de entrenador ayudante que de jugador. Además se veía que su relación con Fisac era más que buena. Tanto era así, que después del ascenso, se hablaba de él como co-responsable y hasta como de persona clave para conseguir el ascenso.
De este modo, con el presunto conocimiento del mercado de
Galilea y su buen hacer en cuanto a las relaciones con los jugadores, con la mentalidad y frescura de un pletórico Fisac en los banquillos, se barruntaba un organigrama técnico interesante y solvente.
Aquí comenzó el principio del fin. Parece ser que
Fisac y Galilea no tenían la buena relación que escenificaban y sus ideas para confeccionar una plantilla que pudiera competir con ciertas garantías en ACB no coincidían. Fisac, artífice del ascenso, héroe del club, pidió plenos poderes y Galilea no consintió. Así que aquello se convirtió en un «o él o yo.» El club decidió entonces que Fisac fuese el máximo responsable deportivo y en Septiembre despidieron a Galilea, que declaraba ser jugador y sólo jugador. No encajaba en lo que Fisac quería para un tercer base. Esa fue la justificación dada por el entrenador-director.

Fisac, con las limitaciones de un presupuesto ajustado (que no es el bajo de la ACB), confeccionó una plantilla basada en la que consiguió el ascenso reforzada por jugadores como Devin Davis, Nacho Ordín, Fede Kammerichs y Michael Bradley. Además se permitió el lujo de hacer fichajes de futuro como Dragusin, Amador y hasta Urtasun si me apuráis.
Como entrenador,
Fisac se entrega a sus jugadores. Les defiende a muerte, hasta el punto de pedir que no se les critique si no que se le critique a él. Ciertamente parece un gesto de egolatría y sobreproteccionismo. Un más «hablad de mi, aunque sea mal» que otra cosa. En compensación, exige una entrega total e incondicional a sus planteamientos.
Tácticamente basa su estilo en una alta intensidad física que le permita tener una defensa dinámica que busque el fallo del rival. En ataque no define roles. Todos los jugadores tienen su confianza para jugar a canasta. De este modo, no es imprescindible que ningún jugador en concreto esté en pista y mediante una rotación de 9/10 jugadores la intensidad se mantenga en cotas altas. Así, la pasada campaña en la fase final de la LEB (Playoffs y últimos partidos de la fase regular) consiguió su máximo rendimiento.

Resumiendo:

  • Yo soy el líder.
  • Confianza ciega en mis jugadores
  • Confianza ciega de mis jugadores en mi
  • Alta intesidad en el juego
  • Todos pueden jugar a canasta
  • Rotación de 9/10 jugadores

Su plantilla

La base del equipo, la que debe imprimir el carácter de la pasada temporada pasa a un segundo plano. Lógico dada su calidad técnica. Uriz pasa a ser base suplente, Doblas tercer pivot, Esteban cuarto/quinto alero, Santa apenas juega…
Ficha a Davis para ser el líder en la pista. La referencia ofensiva. La piedra angular. Lo que ocurre es que Fisac tiene en su decálogo que «todos pueden tirar». Davis, que es una persona especial y que es de todos sabido su explosivo y caprichoso comportamiento, no responde con la confianza ciega demandada por Fisac a sus jugadores. Se relaja en su entrega al equipo y se descuelga con unas declaraciones inapropiadas en las formas y muy apropiadas en el fondo: Que necesitaba tirar 12/14 veces por partido para rendir; que el equipo tenía que jugar para él y desde ahí crear; que en el equipo sólo había 4/5 jugadores con nivel ACB. Se le intenta cambiar su rol y estilo de toda su carrera, pero no se consigue. El desenlace es que se acaba yendo al Breogan. Con él los 600.000 € de su ficha (y fichó por 2 años…)
Ficha a
Ordín para llevar las riendas del equipo. Base con pedigrí ACB, pero que cuando Granada (donde le quieren y le recuerdan mucho) se plantea dar un salto de calidad en su plantilla para asaltar posiciones más nobles de la competición, no le renueva y deja que el GBC le fiche. Fisac habla de él como la revelación de la temporada y que acabará siendo base internacional (¡en los tiempos actuales donde Raül López no está en la Selección!). Ordín se ha demostrado como un jugador de mentalidad frágil. No tiene un buen cambio de ritmo y su fuerte es el tiro. En un equipo en el que pueden tirar todos, en cuanto el base suelta el balón, es muy raro que vuelva a recibirlo. Se diluye y poco a poco desaparece. En sus últimos partidos, jugando más de escolta y tiene minutos de lucidez. En realidad lo que hace es coger el balón y jugárselo. Con determinación y confianza es un jugador que anota, pero sólo juega él y para él.
Ficha a
Kammerichs para ser el alero del equipo. El argentino quiere jugar para un equipo que le de muchos minutos y un rol predominante. Él sí rinde, pero es muy mal tirador y eso pena mucho al equipo. Desafortunadamente se lesiona en el primer partido de la 2ª vuelta (Unicaja) y se pierde el resto de la temporada (juega algo después, pero ciertamente testimonial).
Ficha a
Bradley que es un pivot novato no solo en la ACB sino en cualquier liga fuera de EE.UU. Desde que salió de la universidad, se había pasado su carrera en la NBA de banquillo en banquillo. Apuesta arriesgada de un jugador que que no le habían dado oportunidades allí y que venía a reafirmarse a la 2ª mejor liga del mundo. Le costó entrar en forma. Tampoco encajaba en la filosofía del todos pueden tirar y se jugaba todos los balones que llegaban a sus manos. En uno contra uno, uno contra dos, uno contra tres… En defensa se ha mostrado muy blando y la lesión de Kammerichs ha dejado al descubierto todas sus carencias. Incapaz de defender uno contra uno; incapaz de hacer una ayuda (siempre da un paso atrás en vez de un paso adelante). Después del incidente Davis, aceptó más los planteamientos del equipo y bajó su nivel de ansiedad. Ha hecho sus números y podrá engañar a algún equipo más.

Junto a estos 4 fichajes «estrella», Fisac confía en Smith la responsabilidad del juego exterior. Le considera un jugador total, capaz de anotar en transiciones, penetraciones y con un tiro aceptable. Capaz de defender a aleros rivales y rebotear con solvencia debido a su capacidad física. Otra posible revelación de la liga. Lo cierto es que el indolente de Smith no rinde lo que debería rendir un extracomunitario de un equipo modesto de la ACB. Para colmo se lesiona en la fase decisiva de la liga.
Otro que iba para revelación era
Urtasun. Se ficha a un jugador joven que viene de chupar banquillo en un descendido Breogán. Su rol es el de tercer alero (o cuarto si Ordín juega de escolta). Es el jugador más creativo del juego exterior, con mayor capacidad de poner el balón en el suelo. Desafortunadamente para él, como nadie juega para nadie y todos pueden tirar, no se juega para explotar sus virtudes. Tiene buenos partidos y aporta el dinamismo que se requiere, pero se diluye con el tiempo y se pierde en las profundas rotaciones de Fisac.

Visto que el planteamiento que tanto éxito tuvo en LEB no funciona en ACB, se ficha a Fajardo del TAU, pero se descarta a Arslan (dicen que Querejeta se lo ofreció a Santos, pero a Fisac no le gustaba. Quería un base-escolta –Mula-). Se ficha a Mula, con el culebrón de su lesión, y a Pavlidis para reforzar el juego interior (parecía que no se confiaba en Doblas y a partir de ahí fue cuando mejor jugó). Se cambian los sistemas y el estilo de juego. Se lesionan Kammerichs y Smith y se decide esperarles cuando tocaban los partidos más comprometidos de la temporada.
El discurso era «
es muy meritorio para un recién ascendido que ha tenido que poner mucho dinero en canones estar fuera de los puestos de descenso durante toda la liga. Nos vamos a salvar sí o sí. Lo más importante es mantener el proyecto en ACB. El que no crea que nos vamos a mantener que se joda.» Y así muchas frases más. Lo cierto es que sin Kammerichs, la defensa se derrumba y no se ficha a ningún alero. Nos dicen que Gurovic no quiso, tampoco Domercant y tal… El equipo había mejorado en ataque con Mula, Fajardo, Pavlidis, Ordín… pero había que reforzar la defensa. ¡Había que fichar! y no se hizo. En dos semanas nos cogieron Valladolid y Menorca y grogis como un boxeador knoqueado, perdemos la categoría. Sin tiempo de reacción.

¿Es Fisac el máximo responsable?

Es difícil aseverarlo tan tajantemente. El club delegó en el toda la responsabilidad deportiva. Se fichaba lo que él quería. Tanto en pretemporada como durante la temporada. Se le concedió la confianza absoluta para hacer y deshacer a su voluntad. Se le dio el crédito incondicional por toda la temporada. ¿Significa eso que viendo como jugaba el equipo y como se estaba desarrollando la competición no se debía haber modificado algo? Algo como una cesión del cargo. Algo como unas indicaciones técnicas. Algo como algún fichaje impuesto por la directiva…
¿Pero sin un Director Deportivo quien tiene la suficiente sapiencia, rango y capacidad para cuestionar a
Fisac? ¿Santos?
El club apostó por
Fisac y él confeccionó la plantilla. Anteriormente he manifestado que, pese a que no me gusta Fisac como entrenador, creía que era el más capacitado para sacar rendimiento a la plantilla que él había confeccionado. Necesitaba fichar a un alero buen defensor, potenciar sus fortalezas y esconder sus debilidades…
Santos podía haber hecho algo distinto, es verdad. Al final, además del proyecto de Fisac y por encima de él, está el proyecto de Gipuzkoa y su baloncesto. El proyecto de todos. En el que hemos depositado nuestra confianza en Miguel Santos.

Desgraciadamente ha terminado en descenso, pero la imagen de seriedad, de confianza en quien se delegan responsabilidades puede ser un gran activo para el GBC. Este club puede ser un gran club. Manteniendo los apoyos de Instituciones, tejido empresarial y Sociedad; con la seriedad y calidad de gestión de la actual directiva y la imagen creada, este proyecto puede ser muy atractivo para los profesionales del basket. Tanto jugadores como entrenadores y directivos. Hay que aprovechar el tirón, cerrar un ciclo y pasar página.

Una vez lamidas las heridas, hay que mirar con ilusión y optimismo los retos futuros.

PD.: A los que habéis llegado hasta aquí, gracias por vuestro esfuerzo y disculpas por el ladrillo. (ups!)

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