Todo en un día

Como en la canción de Crowded House, Four seasons in one day, en el partido frente al Menorca hemos visto todas las versiones habidas y por haber, todos los estados de ánimo e incluso, todo lo que viene siendo la temporada en un solo día. El partido era de esos en lo que lo único que realmente importaba era ganar, por lo civil o por lo penal. Y sino era lo único, sin duda que era, de largo, lo más importante. Una victoria instrumental. De las que pueden marcar un punto de inflexión. Y no por la manera de jugar, porque cuando te metes en un lío como el de perder siete partidos seguidos, aunque no quieras, te lo empiezas a plantear todo, las convicciones que antes eran sólidas comienzan a ser más volubles y la única medicina para salir de esas arenas movedizas es ganar. Ganar y punto.

Para volver a lucirnos ya habrá tiempo, porque ahora toca volver a construir ese edificio llamado confianza desde los cimientos. Una casa que parecía bien edificada pero que ese ‘Katrina’ llamado siete derrotas en fila acabó por derrumbar. El domingo al mediodía se colocaron los primeros ladrillos y eso que sufrimos como condenados para sumar un triunfo vital; pero saber sufrir es tan importante -incluso más- que prosperar cuando brilla el sol en el horizonte. Y si alguien ejemplifica el apretar los dientes cuando llegan los nubarrones, ése es Ricardo Uriz. El partido de ayer sirve de metáfora de muchos aspectos generales de este equipo, y a la vez, volvía a subrayar lo mismo que observamos el año pasado en plena mala racha: Que Ricardo se echa el equipo a la espalda y que Miralles se deja la piel (con acierto o sin él) para luchar cada pelota.
Lo de Ricardo es para que te piquen las manos de aplaudirle. Nada más y nada menos que 13 asistencias en un partido como el que vimos marcan la diferencia, entre los cinco que metió y los 31 que propició con sus pases generó casi la mitad de los puntos del Lagun Aro. No hay mucho más que decir, ¿verdad? También es destacable la seriedad de Doblas y Panko, muy visibles al final del partido. Sin embargo, me quiero parar en dos detalles: Primero, en uno de los partidos más desacertados de Jimmy Baron, éste no deja de intentarlo y se convierte en muy útil. Me gustó que Laso quisiera morir con él, apostara hasta el final el día que lo que normalmente hace parecer fácil, al estadounidense lo le acabara de salir. Sobre este tema también tengo que decir que… menudo triple de Lorbek y en qué momento. Vital. Como vital fue la actuación de Niko Tskitishvili. Ya no sólo por el acierto, sino especialmente por la actitud. Cuando no la tenía le cayeron palos por doquier y es justo que en esta ocasión se reconozca su implicación, cortando balones en línea de pase, taponando en la ayuda… ¡que dure!
Pero es evidente que no todo fue bueno ayer. Después de una primera mitad muy convincente, en la que el Donostia Arena 2016 volvió a disfrutar como hacía tiempo que no lograba, llegó un declive aterrador, que nos dejó helados cuando estabamos recobrando las sensaciones. Justo cuando logramos la máxima ventaja, Menorca -un Menorca muy, pero que muy justito- nos remonta con poco más que una zona y lo que en un principio pareció el definitivo canto del cisne pero que acabó convirtiendo en las trompetas y los estandartes del séptimo de caballería. Fue el GBC el que permitió esa reacción. Y creo que tiene que ver con el peso que generaban (¿generaban o generan?) los pesados kilos de una mochila cargada con siete derrotas seguidas. Mientras la diferencia era superior a los diez puntos no había problema, una vez bajó de ahí… fue como dejar que la bola de nieve rodara. Por suerte, se sacó adelante una situación delicada y creo que el equipo debe salir reforzado. Está claro que el Lagun Aro es mucho más equipo que el Menorca, que no debería pasar esas penurias en la segunda mitad ante un equipo ramplón, limitado y cuyo base-referencia juega cojo y ni siquiera puede subir el balón. No obstante, la situación anímica es la que es (o la que era) y no hay nada más difícil de superar que eso.
Por cierto que la afición estuvo de diez. Acudió en un número más que respetable y sujetó al equipo cuando las cosas se torcieron. Un verdadero diez.
Y volviendo a lo deportivo, recuperar, aunque sea durante ciertas fases del partido, la mejor versión defensiva del GBC fue lo que mantuvo al equipo incluso cuando todo parecía torcerse. Se cerró la zona a cal y canto, bajando los porcentajes en tiros de dos del Menorca y dominando el rebote con claridad, dos virtudes que fueron como una manta cuando bajó la temporada del ataque guipuzcoano. Como se puede comprobar en la fotografía que ilustra este artículo, hasta cuatro jugadores del Lagun Aro pisan la zona cuando un rival entra en ella, y no es ninguna anécdota, Laso ‘sacrificó’ el perímetro para tener el dominio de la zona, una fórmula que a pesar de la desaparición del equipo de la faz del tierra durante el tercer cuarto, demostró ser efectiva. El Menorca firmó altos porcentajes de tres y aun así la manija del partido estaba perteneciendo al GBC. El alpiste estaba más cerca de los tableros y aunque fuera a duras penas, se lo acabó comiendo el equipo entrenado por Pablo Laso.
Y lo que hay que sacar de todo esto no es sólo la luz al final del túnel. Hay un dato puramente estadístico y objetivo que debe servir de refrendo moral para el equipo: Esta victoria significa que en lugar de quedarnos a un partido de los puestos de descenso y sentirnos con el agua al cuello (con el inmenso nerviosismo que ello implica), pasamos a dejar esa oscura frontera a tres partidos más el average, es decir, a cuatro partidos. De ahí la inmensa importancia que tenía este partido. Rompes la mala racha, le das un buen empujón a tu diferencia con los puestos de descenso y ganas dos semanas de tranquilidad para volver a equilibrar todos los aspectos deportivos y extra deportivos que te llevaron olvidarte de ganar… y todo en un día.
No ha sido el partido más bonito del mundo, hemos sufrido lo indecible, pero hemos ganado. Algún día habrá que preguntarse y analizar porqué desde que regresamos a la ACB, en tres años acumulamos 15 derrotas por ninguna victoria en el mes de enero. Pero ahora, aunque sea durante un momento, podemos tomarnos un respiro, recobrar fuerzas y replantearnos qué vamos hacer y qué queremos para lo que resta de temporada.
Ahora que hemos salido del túnel, ¿adónde vamos?

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